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Paulo Reis /// El último trágico del siglo XX. Comienzo este texto hablando de desesperación,
de dolencia mortal, hija predilecta de la melancolía, no porque
yo sea un adepto de la desesperación; porque la desesperación
es indicio del estado del alma, cuando el cuerpo se queja, se exprime,
estira los músculos de la cara y contrae los del pecho en un
tremor y terror. ¿La desesperación es, en definitiva,
voluntad o imperfección para los hombres? Pura dialéctica, pues
si el hombre es espíritu y este espíritu se manifiesta
a través de una materia, en el cuerpo (yo), es en esta dualidad que
el arte de Dostoievski o Joseph Beuys puede ser entendido. Kierkegaard
–uno de los autores predilectos de Beuys– preconiza, en su
ansiedad por la inmortalidad, que el hombre es la síntesis de
infinito y finito, de temporal y de eterno, de libertad y de necesidad,
es, en suma, una síntesis. ¡A los hechos! |