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Alberto Ruiz de Samaniego /// Mar de hielo Sean los comentarios de Heinrich von Kleist al cuadro de Caspar David Friedrich Monje en la orilla del mar comienzo de un escrito sobre Celan y Rothko, puesto que su palabra ya promete la cruel travesía futura de unos soles que se desharán en hebras, de comuniones de muerte, exilio o desolación. De furtivos estigmas de absoluto y sombra: “Es magnífico dirigir la mirada hacia un ilimitado desierto marino, en infinita soledad a la orilla del mar y bajo el cielo encapotado. Esto implica, sin embargo, que uno ha ido allí y tiene que volver, que uno querría ir más allá y no puede, que se echa en falta todo lo necesario para la vida y que, no obstante, se percibe la voz de la vida en el rumor del oleaje, en el soplo del viento, en el pasar de las nubes, en el griterío solitario de los pájaros. Esto implica una exigencia del corazón y una ruptura, por así decir, ocasionada por la naturaleza. |