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David Barro /// Desenhando com tesouras a linha do horizonte Hay una imagen que me resulta particularmente tensa. Una puerta entreabierta descubre a Matisse en su estudio, sentado y con la mirada baja. La fotografía, tomada por Brassaï, no permite ver el objeto de su mirada. En el estudio, ordenado por una luz tamizada, domina un largo ramo de flores que refuerza la serenidad por la que abogaba el artista en sus escritos. Matisse piensa la pintura desde la mirada interior. Tomo este gesto como punto de partida porque me resulta difícil no pensar en Matisse al topar con muchas de las obras de Tatiana Blass. No en un sentido formal, sino en aquello que él denominó ‘dibujar con tijeras’ y que supuso una revolución estética para su tiempo. Al fin y al cabo, en las obras de Tatiana Blass siempre está presente el corte o el recorte, ya sea a modo de fisura, mutilación, borradura, paréntesis, discordancia, concordancia, ausencia, distancia, discontinuidad, respiro, ocultación, vacío, engaño o collage. Un corte que es a la vez radical y suave, velado. Como si fuese producto del Photoshop. Como Matisse, en lugar de dibujar formas y/o contornos de figuras para rellenarlas de color, Tatiana dibuja y compone directamente sobre ese color, aprovechando las texturas, que cobran tanta importancia como las formas. |